Historia
Una crónica de supervivencia, fuego, piratería, ingenio y reinvención permanente a lo largo de tres milenios.
La historia de Lanzarote comienza mucho antes que la humanidad. Hace entre 15 y 10 millones de años, la actividad magmática sobre la placa africana dio lugar a dos islotes separados: el Macizo de Famara al norte y el Macizo de Los Ajaches al sur, que con el tiempo se unirían por coladas intermedias para formar la isla actual.
La geología de Lanzarote es un catálogo de morfologías volcánicas: edificios hidromagmáticos, campos de lapilli, dunas fósiles y el impresionante Tubo Volcánico de la Atlántida, formado por el Volcán de la Corona hace unos 21.000 años. Este túnel de lava se extiende 7 kilómetros bajo el océano y es uno de los tubos volcánicos sumergidos más largos del mundo.
La altitud máxima de Lanzarote, las Peñas del Chache, apenas alcanza los 670 metros. Esta baja orografía impide retener la humedad de los vientos alisios, resultando en solo 115 mm de lluvia al año. Una isla que aprendió a vivir de la sed.
Antes de la llegada de los europeos, Lanzarote estaba habitada por los majos (o maxos), una población de origen bereber (amazigh) que desarrolló una cultura de adaptación extrema. Aislados del continente, llegaron en oleadas que se remontan al primer milenio antes de Cristo.
Una de las curiosidades más fascinantes de la sociedad maja fue la práctica de la poliandria: una mujer podía tener hasta tres maridos que se alternaban mensualmente. Los antropólogos interpretan este sistema no como una curiosidad exótica, sino como una estrategia de control demográfico en una isla con recursos extremadamente limitados.
La religión maja era eminentemente pragmática: en ausencia de manantiales permanentes, la lluvia era la manifestación suprema de la divinidad. Se realizaban ritos de lluvia en lugares sagrados llamados efequén, y la rana — que croa antes de las precipitaciones — era considerada un heraldo sagrado.
Las Queseras de Zonzamas son uno de los mayores misterios de la arqueología canaria: grandes bloques de basalto labrados con canales. Aunque la tradición popular las asoció con la elaboración de queso, expertos en arqueoastronomía sugieren que podrían ser calendarios líticos o espacios para libaciones rituales.
Lanzarote destaca también por la mayor densidad de inscripciones líbico-beréberes del archipiélago, con la coexistencia de dos tradiciones escriturarias en los mismos yacimientos: la escritura líbico-beréber y la líbico-canaria.
El aislamiento de los majos se rompió en julio de 1402 con la llegada de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle desde La Rochelle. El rey majo Guadarfía, debilitado por décadas de razzias esclavistas, optó por pactar.
1402
Desembarco en la zona del Rubicón. El rey Guadarfía firma un tratado de paz y amistad.
1404
El Papa Luna (Benedicto XIII) crea la primera diócesis de Canarias con sede en Lanzarote.
1403–1404
Un noble normando vende a los majos aliados como esclavos, desencadenando el levantamiento general y la campaña de pacificación.
1584
Felipe II otorga el título de I Marqués de Lanzarote a Agustín de Herrera y Rojas.
La posición geográfica de Lanzarote la convirtió en la frontera más vulnerable del Imperio español frente al Islam y las potencias enemigas. La piratería no fue una anécdota, sino un factor estructural que moldeó la demografía y la psicología insular.
El corsario argelino asalta Teguise, penetra en el Castillo de Guanapay y captura a la familia del Marqués, exigiendo un cuantioso rescate.
Una flota de 36 navíos y más de 4.000 hombres secuestra a 900 lanzaroteños. El mayor secuestro de la historia de la piratería en Canarias.
Se refuerza el Castillo de Santa Bárbara en el volcán Guanapay (hoy Museo de la Piratería) y se implementa un sistema de hogueras de alerta interinsular.
El 1 de septiembre de 1730, la tierra se abrió cerca de la aldea de Chimanfaya. El cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, dejó el testimonio definitivo: "Una enorme montaña se levantó de la tierra". Lo que siguió fueron 2.055 días de erupción ininterrumpida.
La lava sepultó las vegas más fértiles de la isla y destruyó aldeas enteras: Timanfaya, Rodeo, Santa Catalina, Jarretas, Peña Palomas y Testeyna. Un tercio de la isla quedó cubierto de malpaís y ceniza. La población huyó masivamente hacia Gran Canaria y América.
Lo que parecía el fin de la agricultura en Lanzarote fue paradójicamente su renacimiento: los campesinos que regresaron descubrieron que la ceniza volcánica capturaba la humedad del rocío y protegía el suelo. Así nació el sistema del enarenado, único en el mundo.
Tras las erupciones, la isla vivió una sucesión de auges y colapsos basados en el monocultivo para la exportación industrial europea.
La barrilla (Mesembryanthemum crystallinum), una planta costera, se convirtió en "oro verde": se quemaba para obtener carbonato de sodio vital para las fábricas de jabón y vidrio de Londres, Marsella y Venecia. El puerto de Arrecife despegó gracias a este comercio. El colapso llegó hacia 1820 con la invención de la sosa artificial.
A mediados del siglo XIX, la cochinilla — insecto del que se extrae el carmín — dominó la economía. Se plantaron millones de tuneras sobre los enarenados. La invención de los tintes sintéticos hacia 1870 hundió los precios, provocando hambrunas y oleadas migratorias masivas hacia Cuba, Venezuela y Uruguay.
Como alternativa, en 1895 se construyeron las Salinas de Janubio sobre una laguna natural creada por las erupciones de Timanfaya. Con 450.000 m², llegaron a producir 10.000 toneladas de sal anuales, fundamentales para la conservación del pescado.
Hasta mediados del siglo XX, Lanzarote seguía siendo una isla de emigrantes, sedienta y pobre. La modernidad llegó a través de dos revoluciones: una tecnológica y una artística.
En 1964, los hermanos Díaz Rijo instalaron la primera planta desaladora de agua de mar para abastecimiento público de Europa. Este hito desacopló el crecimiento demográfico de la pluviometría y hizo viable la industria turística.
El artista lanzaroteño volvió de Nueva York con una visión: Arte-Naturaleza. En alianza con el presidente del Cabildo Pepín Ramírez, transformó la isla en un referente mundial de integración entre arte, arquitectura y volcán.
Lanzarote recibe más de 3 millones de turistas al año para una población de 156.000 habitantes. El 20 de abril de 2024, miles de personas se manifestaron bajo el lema "Canarias tiene un límite", exigiendo una moratoria turística y regulación del alquiler vacacional.
Paradójicamente, la isla pionera en desalación sufre hoy una crisis hídrica estructural: más del 56% del agua producida se pierde en tuberías obsoletas antes de llegar al consumidor. En 2025 se prorrogó la declaración de emergencia hídrica y se activó un plan de inversión de 90 millones de euros.
La historia de Lanzarote es circular: comenzó con una lucha por el agua bajo los majos y cierra el primer cuarto del siglo XXI con la misma lucha, a escala industrial. La isla que sobrevivió al volcán enfrenta ahora los límites de su propio éxito.