Hace unos cinco mil años, el volcán de La Corona entró en erupción. La lava bajó hacia el mar y, mientras la superficie se enfriaba y se endurecía, por dentro seguía corriendo el río de fuego. Cuando se vació, dejó un túnel hueco de unos seis kilómetros.

Ese túnel tiene dos caras. Una es los Jameos del Agua: pulida, iluminada, convertida en obra de arte. La otra es esta: la Cueva de los Verdes, prácticamente como la dejó el volcán.

Y guarda dos cosas que no te esperas. Una es historia: aquí dentro se escondía la gente de los piratas. La otra es una sorpresa al final del recorrido que no te vamos a destripar, y que es la razón por la que todo el mundo sale de aquí recomendándola.

Pasarela sinuosa iluminada recorre el interior volcánico de la Cueva de los VerdesLo primero: hay que reservar

Este es el dato que arruina visitas. La Cueva de los Verdes, igual que Timanfaya, funciona con reserva online por franja horaria. Los grupos son limitados y se agotan.

  1. Compra online, con día y hora, en la web oficial de los CACT.
  2. Preséntate con unos minutos de antelación.
  3. Lleva el QR descargado en el móvil: la cobertura por ahí no es gran cosa.
  4. La visita es guiada. No se entra por libre ni se recorre a tu ritmo.

Si vas a ver también Timanfaya, saca las dos reservas a la vez y encájalas en días distintos: los dos están lejos el uno del otro. Cómo visitar Timanfaya

Qué es un tubo volcánico (en 30 segundos)

La lava que baja por una ladera se enfría por fuera antes que por dentro. Se forma una costra dura, y por debajo el fuego sigue corriendo como por una tubería. Cuando la erupción termina, esa tubería se queda vacía.

El tubo de La Corona es uno de los más largos y espectaculares del mundo, y no acaba en la costa: sigue kilómetro y medio bajo el océano. A esa parte sumergida la llaman el Túnel de la Atlántida.

En su recorrido, algunos tramos del techo se hundieron. Cada hundimiento es un jameo — y de ahí el nombre del otro extremo del mismo túnel. Jameos del Agua y los CACT

Los piratas: por qué esto era un refugio

Durante los siglos XVI y XVII, Lanzarote vivía aterrorizada por los corsarios berberiscos. No venían solo a robar: venían a llevarse gente para venderla como esclavos. Los ataques fueron tantos que la capital, Teguise, se construyó tierra adentro para esconderse del mar.

Y cuando aparecía una vela en el horizonte, mucha gente del norte subía a la cueva. Se metían kilómetros hacia dentro, con lo que podían cargar, y esperaban a que los barcos se fueran. Se llegaron a esconder aquí cientos de personas.

No siempre funcionó — hay episodios en que los asaltantes llegaron hasta el interior—, pero durante décadas este agujero negro fue el seguro de vida de media isla.

El nombre, por cierto, no viene del color. Aquí no hay nada verde. Viene de la familia Verdes, que era la propietaria de estas tierras. Un apellido, no un tono.

Cómo es la visita

Se recorre algo menos de un kilómetro —de los seis que tiene el tubo— en unos 50 minutos, con guía.

Y no es una cueva de estalactitas: es otra cosa. Las paredes son lava solidificada en pleno movimiento, con colores que van del negro al ocre y al rojo, chorretones petrificados, techos que gotean piedra. En algunos tramos el túnel tiene dos y hasta tres pisos superpuestos, uno encima de otro.

La iluminación la diseñó Jesús Soto, el colaborador de siempre de Manrique, y es medio espectáculo: luces cálidas y frías que van sacando formas de la oscuridad. Está hecha para que veas lo que hay que ver, y nada más.

Por el camino hay un auditorio metido en la propia galería, con una acústica extraordinaria, donde se han dado conciertos de verdad.

Y al final hay algo. Una cosa que ves con tus propios ojos y que no te crees. No te decimos qué es —te lo destriparíamos— pero presta atención cuando el guía os pare y se quede callado.

Consejos prácticos

  1. Chaqueta ligera. Dentro se está a unos 18-19 °C haga el calor que haga fuera.
  2. Calzado cerrado y con agarre. Hay suelo irregular, escalones y zonas húmedas. Nada de chanclas.
  3. No es apta si tienes claustrofobia o problemas de movilidad: hay tramos estrechos, escaleras y techos bajos.
  4. Sin carritos de bebé. Con niños pequeños, mochila portabebés.
  5. La fotografía es complicada: poca luz y sin flash. Disfrútala con los ojos.
  6. Cuenta una hora en total con la entrada y la espera.
  7. Necesitas coche. Cómo moverse por Lanzarote

Combínala el mismo día con los Jameos del Agua (a 3 km), el Mirador del Río y comer en Arrieta u Órzola. Es el día perfecto del norte. Itinerario perfecto de 3 días

¿Cueva de los Verdes o Jameos del Agua?

La pregunta de siempre. Son el mismo tubo volcánico, separados por tres kilómetros, pero enseñan cosas opuestas:

Cueva de los Verdes Jameos del Agua


Qué esEl volcán casi en brutoEl volcán convertido en arteVisitaGuiada, con reserva de horaLibre, a tu ritmoAmbienteSubterráneo, oscuro, geológicoLuminoso, jardín, lagoCon niñosBien, si no se agobianMuy bienEl momentoLa sorpresa finalEl lago de los cangrejos ciegos

Nuestra respuesta

si puedes, las dos, el mismo día. Se complementan como pocas cosas en esta isla: primero la cueva bruta, después lo que un artista hizo con la misma piedra.

Preguntas frecuentes

¿Hay que reservar la Cueva de los Verdes?
Sí. Funciona con reserva online por franja horaria y los grupos son limitados. No cuentes con comprar en taquilla.
¿Cuánto dura la visita?
Unos 50 minutos de recorrido guiado, algo menos de un kilómetro.
¿Por qué se llama "de los Verdes" si no hay nada verde?
Por la familia Verdes, dueña de estas tierras. No tiene nada que ver con el color.
¿Es apta con claustrofobia?
No es recomendable: hay pasillos estrechos, escalones y techos bajos, y no se puede salir a mitad del recorrido.
¿Y con niños?
Sí, y les encanta la historia de los piratas. Pero es guiada y hay que seguir el ritmo del grupo: con niños muy pequeños, valóralo. Lanzarote con niños
¿Hace frío dentro?
Está sobre 18-19 °C todo el año. En verano se agradece; en invierno, lleva chaqueta.
¿Es lo mismo que los Jameos del Agua?
Es el mismo tubo volcánico, tres kilómetros más arriba. La cueva es el tramo salvaje; los Jameos, el tramo que Manrique convirtió en obra de arte.

Piénsalo un momento: durante siglos, la gente de esta isla bajó a este agujero con miedo. Se metían con los niños y lo poco que tenían, apagaban las luces y esperaban en silencio a que los barcos se fueran.

Hoy bajamos por gusto, con entrada comprada por internet, y salimos hablando de lo bonita que estaba la iluminación. La misma piedra, la misma oscuridad, quinientos años después.