La gente lo descarta. Lo lee en la lista de sitios que ver, piensa "bah, un jardín de cactus", y se va a otra cosa.
Y luego los que entran salen diciendo que es lo que más les ha gustado de la isla.
No es un jardín botánico. Es un anfiteatro excavado en una antigua cantera, con más de 4.500 cactus plantados en terrazas de piedra volcánica, un molino de gofio coronándolo todo y un cactus de metal de ocho metros dándote la bienvenida en la puerta. Fue la última gran obra de Manrique, y en ella está resumido todo lo que pensaba.
Por qué está aquí (y no en otro sitio)
Esto era un agujero. Una cantera de picón —la ceniza volcánica que se usa para cultivar en toda la isla— de la que se llevaba años sacando material. Una herida en el paisaje, fea y sin uso.
Manrique la vio y no la tapó: la usó. Aprovechó la forma de cuenco que habían dejado las excavadoras y la convirtió en un anfiteatro en terrazas, con muros de piedra seca, escaleras y estanques.
Ahí está su idea entera en un solo gesto: no llevar la belleza a un sitio, sino sacarla de lo que ya hay. Incluso de un socavón industrial.
Se inauguró en 1990. Manrique murió dos años después. Es su última gran obra en Lanzarote, y él mismo la consideraba una de las más redondas.
Y por qué cactus, precisamente
Aquí está el detalle que nadie cuenta y que lo explica todo. Estás en Guatiza, y toda esta zona —Guatiza, Mala— está cubierta de tuneras (chumberas). Kilómetros de tuneras.
No están ahí de adorno. Son un cultivo, y de los más raros del mundo: la cochinilla.
La cochinilla es un insecto diminuto que vive parasitando la tunera. Se recoge a mano, se seca y se muele, y de él sale el carmín: uno de los rojos naturales más intensos que existen. Durante el siglo XIX fue el gran negocio de Lanzarote — se exportaba a Europa para teñir tejidos, y aquí vivió mucha gente de eso. Luego llegaron los tintes químicos y el negocio se hundió.
Todavía hoy se sigue usando en cosmética y alimentación. Y ese vaso de yogur de fresa que te has tomado alguna vez… puede que llevara un poco de este pueblo dentro.
Manrique plantó un jardín de cactus en el único sitio de la isla donde el cactus era historia, economía y paisaje a la vez. No fue un capricho estético.
Qué vas a ver
- Más de 4.500 ejemplares de cientos de especies, traídas de América, África, Madagascar y las propias Canarias. Desde bolas del tamaño de un puño hasta columnas de varios metros.
- Las terrazas, con muros de piedra volcánica y caminos que bajan en espiral hasta el fondo del cuenco.
- El molino de gofio, restaurado, en lo alto. Se puede subir, y desde ahí ves el jardín entero como un mapa.
- El cactus de metal de la entrada, de unos ocho metros, obra del propio Manrique. La foto obligatoria.
- Los estanques con peces, que a los niños les entretienen más que las plantas.
- La cafetería, integrada en la roca, con vistas al anfiteatro.
Consejos para la visita
La luz de última hora de la tarde es la buena. Con el sol bajo, las sombras de los cactus se alargan sobre el picón negro y aquello parece otra cosa. A mediodía, con el sol vertical, sale todo plano.
Cuenta unos 45 minutos. Es una visita corta: no lo pongas como plan único del día.
Lleva agua y gorra. No hay sombra en las terrazas y el picón negro concentra el calor.
Cuidado con las manos y con los niños. Es un jardín de cactus, y algunos pinchan de verdad. Hay espinas muy finas que se clavan solo con rozar.
Es de los CACT, así que se paga. Y el bono combinado ya no existe: cada centro va suelto. Consulta precios en la web oficial. Jameos del Agua y los CACT
Necesitas coche. Cómo moverse por Lanzarote
Con qué combinarlo
Está en Guatiza, en la carretera del norte, así que cae de camino a casi todo:
- Teguise a 10 minutos — imprescindible si es domingo, por el mercado. Teguise y su mercado
- Jameos del Agua y Cueva de los Verdes, a 15 minutos hacia el norte.
- Fundación César Manrique (Tahíche), a 10 minutos hacia el sur.
no encadenes tres obras de Manrique el mismo día. Se saturan. Dos y una playa es mejor combinación que tres seguidas. Itinerario perfecto de 3 días
Preguntas frecuentes
¿Merece la pena el Jardín de Cactus?
¿Cuánto se tarda?
¿Cuántos cactus hay?
¿Cuál es la mejor hora?
¿Es apto para niños?
¿Es accesible?
¿Por qué hay tantas chumberas alrededor?
Manrique cogió un agujero que había dejado una excavadora, plantó dentro cuatro mil cactus y lo llamó jardín. Dos años después se mató en una rotonda.
De todas las cosas que hizo en esta isla —los Jameos, el Mirador, la casa de las burbujas—, esta es la más pequeña y la más fácil de pasar por alto. Y es, seguramente, la que mejor resume lo que vino a hacer aquí: mirar algo roto y ver un jardín.